Guía completa

Esto es lo primero que conviene entender, porque cambia la forma de prepararse. En la estación no hay un mecánico valorando si tu coche está en buen estado. Hay un procedimiento reglado con una lista de defectos numerados, y el inspector recorre esa lista marcando casillas. Da igual que el motor esté impecable: si la lámpara de la matrícula está fundida, hay un renglón que se marca.

Por eso una pre-ITV bien hecha no consiste en «mirar el coche». Consiste en recorrer esa misma lista con los mismos aparatos y anotar lo que se marcaría. Es un trabajo de comprobación, no de intuición, y el resultado es un folio, no una opinión.

Las tres categorías, que es lo que de verdad importa

Cuando entregamos el informe, junto a cada punto va una letra. Significa esto:

Leve. El coche pasa. Sale anotado y te toca corregirlo, pero no vuelves a la estación. Una escobilla gastada, un piloto de cortesía fundido.

Grave. No pasa. Tienes un plazo para reparar y presentar el coche otra vez, normalmente en la misma estación y con tarifa reducida. Aquí entran frenos por debajo de eficacia, neumáticos gastados, holguras de dirección, airbag con testigo encendido.

Muy grave. No pasa y, además, el vehículo no puede circular salvo para ir al taller y volver. Es raro, pero pasa con fugas de frenos, dirección con juego peligroso o corrosión estructural.

Saber en qué categoría estás cambia por completo la decisión. Un puñado de defectos leves no justifica retrasar la cita. Uno grave, sí.

El recorrido, banco por banco

Documentación. Ficha técnica y permiso. Si el coche lleva llantas distintas a las homologadas, un enganche de remolque, faros cambiados o una suspensión modificada, tiene que estar anotado. Es el motivo de rechazo más frustrante porque no se arregla en el momento.

Frenómetro. Rodillos que miden la fuerza que entrega cada rueda. Se busca eficacia total por encima del 50 % y desequilibrio por eje por debajo del 30 %. El desequilibrio es el que pilla desprevenido a más gente: una pinza que empieza a agarrotarse no da ningún síntoma perceptible y suspende igual.

Suspensiones y holguras. Placas oscilantes y detector de holguras bajo el coche. Rótulas, bieletas, silentblocks y bujes. Aquí es donde salen los coches que «suenan un poco en los baches».

Regloscopio. Se comprueba la altura y la inclinación del haz de cruce. Un faro alto deslumbra y es defecto; un faro bajo alumbra poco y también. El ajuste es cuestión de un tornillo, pero hay que medirlo.

Emisiones. En gasolina, analizador de gases con el motor a temperatura. En diésel, opacímetro con acelerones libres. Un filtro de partículas cargado se delata aquí sin remedio.

Foso. Escape, bajos, tubos de freno, corrosión, estado de la carrocería y sujeciones.

Lo que más entra por esta puerta

Con lo que vemos a diario, el orden de motivos de rechazo es bastante estable: alumbrado por delante de todo, después neumáticos por profundidad de dibujo, luego holguras del tren delantero, y en cuarto lugar testigos encendidos en el cuadro. Las emisiones dan bastante menos guerra de lo que la gente supone, salvo en diésel con muchos años o con el DPF a medio saturar.

Hay un detalle propio de la zona que merece mención. Getafe mueve mucha furgoneta y mucho vehículo de empresa entre los polígonos, y esos coches tienen periodicidad de inspección más corta y suelen ir cargados a diario. En ellos el punto débil no suele ser el motor sino la suspensión trasera y los neumáticos, que trabajan siempre cerca del límite de carga.

Qué te llevas y qué haces con ello

El informe es un folio con tres columnas: punto revisado, resultado y categoría del defecto si lo hay. Detrás, el precio de corregir cada cosa por separado. No vendemos paquetes: puedes decidir que te ajustemos los faros aquí y las rótulas te las haga tu cuñado, y no pasa nada.

Si nos encargas las correcciones, la garantía va por escrito en la factura, y si la estación te rechaza por un punto que hemos reparado nosotros, lo dejamos bien sin cobrarte la mano de obra.

Para pedir cita, llama al 641 16 17 71. Lo ideal es venir con dos o tres semanas de margen sobre la fecha de la tarjeta: da tiempo a pedir una pieza si hiciera falta y evita tener que ir con prisa.