Guía completa
El fusible no es la avería
Es el punto de partida de todo este trabajo. Un fusible es una pieza sacrificable: un hilo calibrado para fundirse cuando pasa más corriente de la que el cable que protege puede aguantar. Cuando salta, ha hecho exactamente su trabajo.
Lo que nunca hay que hacer es montar uno de más amperaje porque «así ya no salta». Si el fusible ya no se funde, lo que se calienta cuando llega la sobrecorriente es el cable, dentro de un mazo, metido entre el salpicadero y la carrocería, envuelto en plástico y espuma. Ahí es donde una avería de sesenta euros se convierte en un coche quemado.
Si te salta un fusible más de una vez, hay un cortocircuito o un consumidor pidiendo más de lo que debe. Y eso se busca.
El esquema antes que el destornillador
Un fusible no protege un solo aparato. Protege un circuito, y en ese circuito puede haber cinco o seis consumidores que no tienen relación aparente entre sí. Por eso lo primero es sacar el esquema eléctrico del modelo concreto y ver qué cuelga de ese fusible.
Es habitual que el cliente venga porque «no van las luces de posición» y el culpable sea la toma de doce voltios del maletero, que comparte circuito y tiene un objeto metálico haciendo puente dentro. Sin el esquema, eso son horas de probar. Con el esquema, son veinte minutos.
Tres averías que resumen el oficio
El consumo fantasma. El coche pasa el fin de semana parado y el lunes no arranca. Un vehículo moderno, con todos los módulos dormidos, consume unas decenas de miliamperios: lo justo para mantener memorias y alarma. Si midiendo con pinza amperimétrica el consumo es varias veces superior, hay algo que no entra en reposo. Se van retirando fusibles de uno en uno vigilando la lectura, y cuando el consumo cae de golpe, ya sabemos en qué circuito está. Los sospechosos habituales: equipos de sonido instalados después, alarmas de accesorio, módulos de puerta con humedad y relés que se quedan pegados.
El punto de masa oxidado. La corriente tiene que volver a la batería, y ese retorno se hace por la carrocería a través de tornillos de masa. Cuando uno se corroe, la resistencia sube y la corriente busca camino por donde puede, cruzándose con otros circuitos. De ahí los síntomas que parecen imposibles: pones el intermitente y parpadea la luz de la matrícula. Limpiar y apretar cuatro tornillos resuelve más averías «electrónicas» de las que la gente supone.
El agua. Los desagües del vano del parabrisas se llenan de hojas y de polvo. Cuando se taponan, el agua rebosa hacia dentro y llega a los módulos que van bajo el salpicadero o en el hueco de los pies del acompañante. La avería aparece días después, en forma de contactos que fallan de manera intermitente, y suele confundirse con un problema electrónico. Comprobar y limpiar los desagües es de las cosas más baratas y más rentables que se le pueden hacer a un coche.
Cómo se repara un cable
Cuando el daño está localizado, se retira la sección afectada y se empalma con cable de la misma sección, terminal crimpado con útil de crimpar y manguito termorretráctil con adhesivo interior. Al calentarlo, el adhesivo funde y sella el empalme: queda estanco al agua y aguanta vibración.
Lo que no se hace aquí es empalmar con clema de tornillo, con conector de perforación de aislante ni con cinta. Esos apaños funcionan un mes y vuelven en forma de avería intermitente, que es la peor de todas porque hay que localizarla dos veces.
Coches de segunda mano y accesorios de después
Getafe tiene mucho coche de segunda mano con años encima, y en un vehículo que ha pasado por varias manos suele haber capas de instalaciones añadidas: una radio nueva, una cámara de aparcamiento, unos leds, un enganche de remolque conectado sin módulo. Cada una de esas instalaciones es un punto donde alguien empalmó algo.
En vehículos de trabajo pasa lo mismo con otro origen. Las furgonetas de los polígonos llevan tomas de corriente para herramienta, balizas, faros de trabajo o neveras, y esas instalaciones son la primera sospechosa cuando aparece un consumo en reposo o una batería que no aguanta el fin de semana.
Cuando entra un coche así, parte del trabajo es simplemente ordenar lo que hay y dejar cada instalación con su fusible y su masa como corresponde.
Cómo se cobra
La localización se presupuesta aparte de la reparación, porque son dos cosas distintas y no siempre se hacen las dos. Te decimos de antemano en qué horquilla estamos según lo esquivo que parezca el fallo. Si después reparas aquí, ese importe se descuenta.
Un aviso, por si acaso: si notas olor a plástico caliente dentro del habitáculo, aparca y llama al 641 16 17 71 antes de seguir conduciendo.