La inspección técnica no es un examen de mecánica. No hay nadie valorando si tu coche está sano: hay un procedimiento reglado, con una lista de defectos numerados, y un inspector recorriéndola y marcando casillas. Da igual que el motor esté impecable si la lámpara de la matrícula está fundida, porque para eso hay un renglón.

Entender esto cambia por completo la forma de prepararse. No se trata de «poner el coche a punto»: se trata de repasar los puntos que están en la lista. Y una buena parte de ellos se puede comprobar tú mismo en el aparcamiento, en veinte minutos y sin herramientas.

Primero, entiende las tres categorías

Cuando salgas de la estación, junto a cada defecto anotado habrá una calificación. Vale la pena saber qué significan antes de ir:

Leve. El vehículo pasa. Sale anotado en la tarjeta y te toca corregirlo, pero no vuelves. Una escobilla gastada, un piloto de cortesía fundido.

Grave. No pasa. Tienes un plazo para reparar y presentar el coche otra vez, y esa segunda visita tiene que hacerse en la misma estación para que solo revisen lo marcado.

Muy grave. No pasa y, además, el vehículo no puede circular salvo para ir al taller y volver a inspección. Es poco frecuente, pero ocurre con fugas en el circuito de frenos, juego peligroso en la dirección o corrosión estructural.

La diferencia entre acumular tres defectos leves y tener uno grave es enorme, y determina si tienes prisa o no.

Las cinco que puedes mirar tú

1. Todas las luces, incluidas las que nadie mira

Es el motivo de rechazo número uno con diferencia, y también el más barato de evitar. Pide a alguien que se ponga fuera mientras tú vas accionando: posición, cruce, carretera, los cuatro intermitentes, las dos luces de freno más la tercera, la marcha atrás, el antiniebla trasero y —esta es la que se olvida siempre— la luz de la matrícula.

Un detalle práctico: si un intermitente parpadea más rápido de lo normal, no es un capricho eléctrico. Es la señal clásica de que una de las lámparas de ese lado está fundida y el sistema lo está avisando.

Y ojo con las lámparas de bazar. Si el color de la luz no corresponde con el homologado, es defecto igualmente aunque alumbre.

2. La profundidad del dibujo de los neumáticos

El mínimo legal es 1,6 mm y se mide en la banda de rodadura. No hace falta calibre: todos los neumáticos llevan testigos de desgaste, unos resaltes de goma dentro de los surcos principales. Si la superficie del dibujo ha llegado al nivel de ese resalte, estás en el límite.

Míralo en varios puntos de cada rueda, porque el desgaste rara vez es uniforme. Si un neumático está gastado solo por el borde interior o exterior, ahí hay además un problema de alineación que conviene mirar.

Aprovecha y comprueba los flancos: un bulto o una grieta son motivo de rechazo aunque el dibujo esté perfecto.

3. Los testigos del cuadro

Arranca el coche y mira el salpicadero después de que se apague la comprobación inicial. Los testigos de airbag, ABS y control de estabilidad encendidos son defecto directo. El de motor también.

Mucha gente convive meses con una de esas luces porque el coche funciona con normalidad, y llega a la inspección sin saber que eso solo ya la suspende.

4. Escobillas, espejos y lo que se ve desde el asiento

Acciona el limpiaparabrisas con el cristal mojado. Si deja franjas sin limpiar o salta, es defecto, y cambiar un juego de escobillas es de lo más barato que hay.

Comprueba también que el lavaparabrisas proyecta agua, que los dos retrovisores exteriores están enteros y que el parabrisas no tiene una fisura en el campo de visión del conductor.

5. Los papeles y lo que hayas cambiado

Este es el que más disgustos da porque no se arregla en el momento. Lleva la ficha técnica y el permiso de circulación, y comprueba que todo lo que el coche lleva de distinto a como salió de fábrica está anotado: llantas de otra medida, enganche de remolque, faros cambiados, suspensión modificada.

Una reforma sin legalizar tumba la inspección antes de que el coche llegue al frenómetro.

Las tres que necesitan banco

Aquí es donde termina lo que puedes hacer solo, y merece la pena saber por qué.

Los frenos. En la estación no se mira el espesor del material de fricción: el coche sube a un frenómetro de rodillos y se leen dos cifras. La eficacia total, que debe superar el 50 % del peso del vehículo en el freno de servicio y el 16 % en el de estacionamiento, y el desequilibrio entre las ruedas de un mismo eje, que no puede pasar del 30 %. Esa segunda es la traicionera: una pinza que empieza a agarrotarse en un lado no produce ningún síntoma perceptible al volante y suspende igual.

El reglaje de los faros. Se mide con regloscopio la altura y la orientación del haz de cruce. Un faro alto deslumbra y es defecto; uno bajo alumbra poco y también. El ajuste es cuestión de un tornillo, pero hay que medirlo primero.

Las holguras. Con el coche elevado y un detector de holguras se comprueban rótulas, bieletas, silentblocks y bujes. Es donde aparecen los vehículos que «suenan un poco en los baches».

Un apunte para quien conduce por aquí

En Getafe hay bastante furgoneta y vehículo de empresa moviéndose entre los polígonos, y esos vehículos tienen periodicidad de inspección más corta que un turismo particular. En ellos el punto débil no suele ser el motor, sino la suspensión trasera y los neumáticos, que trabajan a diario cerca del límite de carga.

Y para todos, un consejo de calendario: la fecha límite viene impresa en la última tarjeta. Ir con dos o tres semanas de margen da tiempo a pedir una pieza si hiciera falta, en lugar de tener que elegir entre arreglarlo mal o pasarse de plazo.

Si quieres saber el resultado antes de ir

Eso es exactamente lo que hace una pre-ITV: recorrer el mismo catálogo con los mismos aparatos y entregarte un folio con la categoría de cada punto encontrado, más el precio de corregir cada uno por separado. Cuesta entre 40 € y 55 € según el vehículo.

Y si ya vienes con una tarjeta desfavorable, todavía más sencillo: el papel indica el renglón y el código exactos, así que se corrige solo eso. Trae el papel y llama al 641 16 17 71.